viernes, 21 de julio de 2023

entre la perra y yo había un portón, desvencijado, enclenque y oxidado pero suficientemente fuerte como para que no para que la perra no salga. la luli estaba tirada, triste, me pegué al lado del portón y ella vino dócil hacia mí. por el espacio que dejaban las rejas herrumbradas empecé a acariciarla y a rascarla, arrodillado yo, sentada ella. el olor del oxido y la textura de su pelaje sucio se mezclaban con esa mueca de satisfacción que muestran los perros cuando los rascas detrás de la oreja. la rasqué un rato y luego me quise ir. ella puso su pata sobre mi brazo y me quedé un rato más. me quise levantar, arrodillado yo y volvió a repetir lo mismo. y yo me volví a quedar. un minuto eterno. hasta que la saludé y me fui, saludándola sin mirar.

no hay nada que me dure mucho tiempo. ni la motivación ni el compromiso ni la disciplina. todo se pierde nada me importa. ya no hay historias, ya no hay nada que contar. existe la intención primera pero luego, automáticamente, se desvanece. parecía importante, pero no. perdido el sentido de decir, el sentido de expresar, algo se aborta antes de que nazca. o simplemente se olvida o se borra.
mis gatos me reciben maullando. los saludo y sigo hacia la puerta trasera. los gatos siguen maullando a mis espaldas mientras me siguen y en un movimiento dubitativo busco las llaves en el bolsillo trasero del jean. las llaves están donde tienen que estar y todo está como cuando me fui a las siete de la mañana, salvo que son las tres de la tarde.

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